LA MEMORIA DEL OLVIDO

No lograba recordar con certeza quien había sido. Sin duda, una gran cantidad de historias increíbles debe haber vivido pensó, mientras miraba con angustia sus agrietadas manos atravesadas por infinitos surcos de otras vidas.

Un vacío nublaba su mente, quizás ella tuvo un gran amor en algún momento. Tristeza infinita, intentar recordar algo que en algún momento o lugar podemos haber perdido. Sería como perderlo nuevamente y a diario, y esa agonía es increíblemente una de las peores partes de la memoria. Nacer a diario, para solo recordar los momentos tristes, a quien se le podría ocurrir algo tan macabro.

Permanecer sin saber a ciencia cierta ¿quien fui?. Es como jamás haber estado, al menos ¿habré dejado alguna huella de mi paso por este mundo?. Y quien es esa mujer que me mira con ternura, algo en su rostro se me hace conocido…¿que hace en mi habitación?, no recuerdo su nombre, pero seguro es alguien que cuida de mí, porque me está pasando unas píldoras junto a un vaso de agua.

Imaginó a esa mujer con cara de niña, corriendo por la playa, con su cuerpo lleno de arena, feliz, con su cara sonriente y roja de tanto sol. Me viene a pedir algo para comer, dice que tiene mucha hambre porque ha estado jugando con otros niños en el mar. Le entrego suavemente un sandwich y se lo come de una mascada gigante, no para de hablar mientras intenta devorar su alimento sin respiración. Y esos ojitos tan brillantes, que junto a esas pecas distribuidas por toda la cara se parecen tanto a mí….

Matilde!…¿eres tú?- le digo de manera instintiva y con un pequeño atisbo de claridad.

¡Mamá, al fin despertaste!-mientras extiende sus brazos para darme un abrazo. Que devuelvo al momento, como si fuera el último abrazo que daré en la vida, con la esperanza de mantener vivo el recuerdo.

De a poco vuelvo a la realidad, pero estos extraños episodios se están haciendo cada vez más reiterados. Tengo miedo de quedar en la oscuridad y olvidar quien fui, y sobre todo olvidar a quienes amo. Por ahora, irónicamente olvidaré esta situación. Solo pido, que si debo olvidar, primero sean los momentos tristes que solo generan agonía y dolor, y dejar para al final una vida de hermosos recuerdos, como el de esa pequeña niña pecosa y hambrienta de la playa, que nuevamente me han traído de vuelta del olvido, al menos por otro día.

-Gonza

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